LITERATURA

Monday, July 03, 2006

ESPINA DE PITAHAYA / Comentarios de Miguel Garnett

PRESENTACIÓN DEL LIBRO:
ESPINA DE PITAHAYA

DE LEONIDAS DELGADO LEÓN
(MUNICIPIO PROVINCIAL DE CAJAMARCA)
Miguel Garnett


El escritor norteamericano, Wystan Hugh Auden , dijo con respecto al poeta verdadero que es como un buen queso local, saboreado y apreciado por doquier. Esta metáfora quesera debe resonar aquí en Cajamarca, precisamente porque tenemos el orgullo de saber que nuestros quesos, con sus distintos sabores locales, son apreciados en todo el Perú. Sé de experiencia que cuando llego a mi casa en Lima la primera pregunta es: ¿has traído queso? Y ¡pobre de mí si me lo haya olvidado!

El libro que tengo el honor de presentar esta noche, Espina de Pitahaya, es así. Tiene un sabor muy local, muy cajamarquino, porque la mayoría de los cuentos han sido inspirados por personajes y acontecimientos en el Distrito de Jesús; y se ubican allí. Son cuentos que pican, como el título mismo lo indica - -Espina de Pitahaya- - Pican con humor e ironía. Pican como un buen queso ahumado o como muchos de nuestros platos típicos. Tiene también un lenguaje picante.

Tengo que ser honesto y decirles que leí este manojo de cuentos durante las últimas elecciones. Fui miembro de mesa y la gente llegaba a votar como gotitas de agua cayendo de un caño malogrado. Primero llegaba un votante y luego, después de un buen rato, llegaba otro. Así pasó todo el día que amenazaba ser aburrido. Me reí de la mataperrada de Juan Maturaka, quien estafó a su socio cerca del Árbol del Diablo. Me reí aún más de la descripción del curita en el cuento Juez de Aguas: Atatay guasca y garañón es ese cura, pero se transforma en un Ángel cuando hace su misa. No sé si me doy por aludido. El final de este cuento, como el final de la mayoría, es muy gracioso. No lo voy a citar por dos motivos. Uno es simplemente que si quieren saber cómo terminan los cuentos, compren el libro – -por eso han venido- - y no quiero quitarles el gusto de la lectura, anticipándoles lo que va ha suceder. El segundo motivo es que nuestro autor no tiene miedo de usar el lenguaje popular, el lenguaje sazonado con ajos y cebollas - -y unos condimentos más- - tal como la gente habla. Podría ser que su lectura pública ofenda a algunos miembros del distinguido público aquí presente. El prologuista del libro, el señor Gonzalo Pantigoso, comenta el uso que Leonidas Delgado hace de la jerga, por llamarla así, y dice: La parte final de las historias, poniendo énfasis en la fuerza soez de las palabras, es el traslado de lo oral a la escritura, con la intencionalidad de remarcar el hecho narrativo. Esta opción lo lleva a enfrentarse al tabú lingüístico, que puede estar presente en un lector puritano. Con toda franqueza, no sé hasta que punto podemos hablar de un tabú lingüístico hoy en día; además si una palabra existe, existe por una razón. Expresa lo que ninguna otra palabra puede expresar. Entonces, si uno quiere expresar un sentimiento que requiere el uso de aquella palabra, hay que usarla; es usar lo que el Dr. Mario Vargas Llosa en su Cartas a un novelista llama le mot just - -expresión francesa que quiere decir la palabra precisa- - . Personalmente, creo que tiene que ser así y estoy convencido que los cuentos de Leonidas Delgado perderían mucho de su fuerza y de su humor si se quitaran las palabras supuestamente soeces.

Con respecto al humor, que es un elemento constitutivo de todos los cuentos, el prologuista enfatiza que los relatos están orientados para mostrar el lado humorístico, el matiz jocoso de la vida. .Aquí hay algo muy importante; una expresión de lo que se puede llamar el alma celebrante, que es una característica marcada del pueblo peruano. Muchas veces, esta faceta del carácter nacional no es comprendida por las personas extranjeras que nos visitan. Ellos ven la pobreza, se dan cuenta de los problemas que aquejan un amplio sector de la población y no lo entienden cómo se puede hacer fiesta y celebrar en tales circunstancias, A lo mejor, lo ven como un escapismo, un olvidar por un rato de la dura realidad de la vida. Pero no es así. Hay una dimensión festiva en el alma peruana que tiene que expresarse. Quisiera ilustrar esto con un recuerdo que tengo de un incidente ocurrido ya hace varios años. Una sobrina mía vino de visita y fuimos juntos al Distrito de Chugur, donde yo tenía el compromiso de celebrar la Semana Santa. No nos quedamos todo el tiempo en el pueblito mismo, sino pasamos varias noches en distintos caseríos, con alojamiento en las casas de los catequistas o de los amigos. Una mañana, estuvimos en la cocina de una de estas casas, esperando mientras doña Meche preparaba el desayuno. Conversamos y observamos a los niños que estaban jugando y riéndose a carcajadas. Después de un rato, mi sobrina me dio un codazo suave y dijo en voz baja:

- Tío, no entiendo.
- ¿Qué no entiendes? –le pregunté.
- Esos niños están tan felices.
- ¿No tienen derecho a estar felices? –pregunté de nuevo.
- Pero mira, no tienen zapatos –dijo mi sobrina.
- ¿Y me puedes explicar cual es la conexión lógica entre los zapatos y la felicidad?
Mi sobrina me dio una mirada hostil y luego, culminando su argumento, me dijo enfáticamente:
- ¡El piso es de barro!
- ¿Qué hay de malo que el piso sea así? –le contesté- Mejor que sea de barro que de cemento.
En eso, doña Meche nos sirvió platos colmados de papas y con su presita de cuy, diciendo con la sonrisa que siempre estaba dibujada en su cara:
- ¡Sírvanse! Disculpen la pobreza, pero sírvanse nomás.
¡La vida vivida así es bella!

Ese recuerdo me lleva a mirar en el libro que estamos presentando el cuento intitulado No comas ese gallo. Lo recomiendo especialmente a todas las personas aquí presentes que son aficionadas de las peleas de gallos. Otra vez, el final es graciosísimo, con su ajicito lingüístico.
Ahora bien. Es importante darnos cuenta que esta capacidad que tiene Leonidas Delgado de escribir con un humor borboteando de su pluma no quiere decir, ni mucho menos, que hay algo superficial en los cuentos. El humor, que realmente es humor, no es nada superficial. Últimamente el Dr. Luzmàn Salas Salas me ha prestado un libro de Sigmund Freud sobre la risa. Dicho sea de paso, lo más gracioso del libro es la carátula, mientras que el contenido es un hueso duro de roer, porque, siendo de Freíd, profundiza en la psicología humana. Felizmente, los cuentos de Leonidas Delgado no son huesos duros de roer, pero también manifiestan aspectos de la psicología humana y con su humor nos ofrecen unas pinceladas de un amplio abanico de los personajes pintorescos que siempre encontramos en nuestros pueblos. Además, hay una mirada irónica a nuestra sociedad Como ejemplo de esto, miremos el único cuento ubicado en la costa e intitulado Sucedió en Chomborotón. Aquí encontramos a un candidato a la presidencia que goza del nombre Alforjaines Talego. Es un descendiente del Señor Talego de Cunga-Seca y Chomborotón, cacique al tiempo de la conquista española que pertenecía a la dinastía Orín-Casco. El partido político de don Alforjaines Talego goza del nombre: Soga para amarrar, si es Posible. Con esos detalles tenemos un buen comentario sobre nuestra democracia, con su infinidad de partidos con sus nombres y símbolos ocurrentes y sus candidatos de toda laya. Nuestro autor no nos dice cual es el símbolo del partido Soga para amarrar, si es Posible, pero el lector muy bien podría divertirse dibujando uno. Hay un diálogo entre el candidato Alforjaines Talego y un joven que no sólo es gracioso, haciendo amplio uso del auténtico lenguaje popular, sino revela la distancia que existe entre la clase política y el pueblo que, supuestamente, representa. Dice el candidato:
- Vota por mí y tendrás trabajo.
- Otro huevón con la misma cantaleta… Ofrecen todo y luego se olvidan.
El día que leí eso, estuvimos votando. Ahora, vamos a ver si olvidan.

Como es de suponer, no se puede escribir una serie de cuentos de la vida pueblerina de la sierra sin mencionar la fiesta. Ésta la encontramos en el cuento: Estudio de Mercados. En la plaza del pueblo los devotos conducían el anda del Santo Patrón. Resplandecía el sol en las calles de Jesús y el calor se hacía más intenso ante las velas. Avanzaba la muchedumbre lentamente y el ruido de la banda de músicos se confundía con los cánticos de los incaicos, las pallas, las gitanas, los chunchos y las pastoras, que danzaban incansablemente levantando polvo. El clarín, con su andina melodía, cautivaba los vientos que llevaban mensajes de palpitante tierra…¡Oh mágico clarín!. Te siento en la ausencia. Sopla, silba, suena clarín…Luego vienen los tragos, las discusiones y la casi inevitable pelea. Justo antes de enfrentarse, uno de los adversarios, el más débil, se saca los zapatos ante la mirada atónita de los espectadores. ¿Por qué? Bueno, ustedes ya saben la respuesta: Compren el libro y lo sabrán.

El cuento Fashenano, nombre del personaje principal, me ha hecho pensar un poco en mi propia obra literaria Rondo. Nuestro autor describe a Fashenano así: A pesar de tener cara de niño y baja estatura, no revela su edad, podía tener todas las edades. El Fashenano así nomás es, siempre así… Ayuda a todas las familias del pueblo en las más variadas tareas: desgranar mazorcas de maíz, pelar papas, carmenar lana, rajar troncos para la leña, matar y pelar chanchos, lavar mondongos, etc. Fashenano sabía hacer de todo…no tenía vivienda, dormía en cualquier casa donde le caía la noche. Era feliz en su pobreza y nunca le escuché lamentarse por nada. Vivía tan ocupado que no tenía tiempo para llorar sus penas, pues tampoco tenía paño de lágrimas. Por supuesto, el final del cuento es otro mate de risa.

Aunque los cuentos nos ubican en el Distrito de Jesús y tienen su inspiración allí, se nota que varios de ellos fueron escritos o, por lo menos, terminados en Nuevo Chimbote, donde reside Leonidas Delgado. Ahora. Seamos honestos; mayormente aquí en Cajamarca, no asociamos a Chimbote con la creatividad cultural. Lo asociamos con la siderúrgica y con las fábricas de harina de pescado, con el olor espantoso que emana de ellas. La vemos como una ciudad bastante fea y decimos del mal llevado desarrollo urbanístico aquí mismo: nos están chimbotizando. Pero, si bien es cierto que algo de verdad tiene todo esto, no es toda la verdad, ni mucho menos. Hay un nuevo Chimbote con su imponente catedral, que es un repositorio de arte. Hay la Asociación Cultural del Santa, que reúne en una sola entidad una serie de expresiones artísticas y creativas. Hay pintores, poetas, narradores y músicos. Y esto nos debe provocar un espíritu de gozo y alegría. Tenemos la dicha de vivir en un país donde la creatividad artística brota como el humor que he mencionado en antes, y debemos hacer todo lo posible para estrechar lazos de comunicación, de intercambio y de amistad. Lamentablemente., lo que sucede es que hay artistas de diferente índole creando en todos los rincones del país, pero cada uno se queda más o menos aislado. En la Biblia, Cristo nos dice que cuando demos limosna la mano izquierda no debe saber lo que hace la mano derecha; y esto está muy bien para la limosna. Pero para cualquier otra cosa está pésimamente mal; y aquí se da con frecuencia. Además, como nosotros vivimos en El País de las Maravillas, las cosas están al revés. Vemos en nuestros templos una imagen de la Virgen o del Santo Patrón luciendo un manto nuevo para la fiesta, y no hay lugar de dudas con respecto a los donantes, porque ponen en letras mayúsculas quienes son, para que no sólo la mano izquierda, sino todo el mundo, lo sepa. Mientras tanto los artistas tienen que luchar para salir del anonimato y dar a conocer al público cuales son los frutos de su labor creativa. No he preguntado a Leonidas sobre las peripecias que haya sufrido para la publicación de éste, su segundo libro, en Arteidea Editores de Lima, pero hago mías las palabras escritas por Gonzalo Pantigoso en el prólogo: Construir un proceso literario en una sociedad, cuyos elementos responsables de su desarrollo no tienen en cuenta las manifestaciones culturales, es una acción que le otorga mayor valor al escritor, quien asume de manera personal la visión social y concretiza el reto de afrontar la vacuidad generada por los medios de comunicación masiva y la proyección de una homogenización fomentada por los grandes consorcios económicos.

Agradezco muy sinceramente la gentileza que Leonidas Delgado ha tenido conmigo al invitarme a ser el presentador de Espina de Pitahaya aquí en Cajamarca, y le agradezco por haberme proporcionado una lectura que convirtió un día que amenazaba ser aburrido en un día lleno de gozo y risa. Espero que muchos de ustedes aprovechen la oportunidad de conseguir un ejemplar del libro y que se diviertan como yo me he divertido con su lectura. Sé que Leonidas ha cogido también la afición de pintar, pero ¡ojalá que no deje de escribir! Me encantaría leer una novela suya que reúna en una sola historia a los personajes pintorescos que encontramos en los distintos cuentos de Espina de Pitahaya: andar en una gira electoral con Alforjaines Talego, conversar con Toribio Carambolas, compartir un buen estofado con el mañoso Manuel León, tomar tragos con José y Olegario Mercado, conocer más de cerca los trucos y engaños del Extraño Visitante, supuestamente compactado con Lucifer, y gritar con la viuda Carolina Tavera a don Absalón, informándole dónde puede meter las aguas del riego.

A todos ustedes que nos están acompañando esta noche, muchas gracias por haberme escuchado.

Cajamarca, 16 de junio del 2006

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