LITERATURA

Friday, July 14, 2006

LIBRODE PERCYROBLES




A PROPÓSITO DE
“EL CHIMBOTE QUE SE FUE”:
REFLEXIONES SOBRE NUESTRO PASADO
Dante Lecca

Felicito a Percy Robles Guibovich por haber publicado recientemente “El Chimbote que se fue”, en parte memorias, en parte testimonio, que resulta muy interesante y sugerente y que nos motiva a reflexionar sobre el pasado de nuestra ciudad; libro destinado, como el mismo autor lo señala en la dedicatoria: “A mis hijos Tatiana, Percy y Cecilia, les cuento para que les cuenten a sus hijos. Es su deber y derecho saber y entender la historia de sus ancestros”.La intención de Percy al escribir este libro es revalorar, contando, el Chimbote de su infancia; habiendo nacido en 1938 sus recuerdos abarcan las décadas del 40, 50 y 60, deteniéndose en el terremoto de 1970; son 30 años de recuento, no histórico, ni sociológico, sino personal y familiar, y como tal debe ser tomado, en su justa dimensión, su mirada particular de lo acontecido en esos años en nuestra ciudad.Lo que nos cuenta el libro no es lo que Chimbote fue, sino lo que Percy Robles siente y piensa que fue; lo que resulta un testimonio personal de primera mano que nos sirve como una referencia importantísima para comprender nuestra historia y nos genera una serie de sensaciones y pensamientos, nos invita a reflexionar sobre el pasado de Chimbote. Toda voz cuenta, toda opinión vale, cada testimonio es un aporte que enriquece, pues es vida misma pensante, no solo de nuestra realidad, sino del propio mundo. Como dice Ortega y Gasset en el colofón de la Historia de la Filosofía de Julián Marías: “Cada vida es un punto de vista sobre el universo”.Si analizamos el libro “El Chimbote que se fue” nos topamos con una estructura invisible, no señalada explícitamente, de seis partes bien definidas: una introducción donde el autor plantea su intención de contar la riqueza paisajística y costumbrista de Chimbote; cinco capítulos que cuentan de la vida familiar de Percy; 23 capítulos que tratan de la vida cotidiana de Chimbote de esos años; una sección de misceláneas con datos curiosos; una especie de anexos con cinco artículos del autor publicados en diarios locales; tres poemas de poetas amigos, manuscritos, intercalados en el conjunto del libro; una sucesión de 45 magníficas fotos de diversos fotógrafos que retratan a Chimbote en diferentes facetas; más la reproducción de un dibujo de Marco Leclere y dos pinturas de Alfredo Alcalde y Alberto Quintanilla, dedicadas a Percy Robles.Obviamente, las secciones que denomino “vida familiar” y “vida de Chimbote” son las que contienen el espíritu narrativo de la obra, encontrándose incluso inserto, en medio del libro, un artículo de seis páginas escritas en el 2000 por su padre, Pedro Robles Ronceros, antes de fallecer, titulado “Mis sesenta y tres años en Chimbote”, que abarca desde su llegada a este puerto en 1937, proveniente de Barranca; páginas que reflejan, en todo su esplendor, la bahía de ensueño de entonces, frente al pequeño poblado de la caleta.El mar, las calles, las costumbres, las comidas, la alegría y vida casi bucólica de esos tiempos están retratados de una manera magnífica en “El Chimbote que se fue”, que seguramente más de un lector suspirará y soltará una lágrima por el paraíso perdido. Chimbote, dice Percy Robles “tenía una playa hermosísima sin principio ni fin, con arenas color oro besadas coquetamente por su límpido mar azul pastel que cubrían maruchas y muimuyes, carreteros que por miles danzaban un alocado ballet al son de las olas”.Por supuesto que Percy Robles nos cuenta del Chimbote antes de la industria pesquera y siderúrgica, antes del fenómeno de las migraciones, que han hecho del Chimbote actual una ciudad, efectivamente, de todas las sangres. En este sentido, cabe reflexionar, ya que he escuchado mentar este tema algunas veces, sobre quiénes son realmente chimbotanos. ¿Los descendientes de los antiguos huanchaqueros? ¿Los descendientes de los miles de serranos provenientes de Cajamarca, La Libertad, Ancash y otras partes del Perú? ¿Los descendientes de los extranjeros chinos, japoneses, italianos, yugoslavos, españoles, sirios y otros? ¿Los descendientes de los migrantes de la costa norte, Lima y el sur del país?La historia que nos cuenta Percy Robles, hijo también de migrantes, pues su padre, de apellido Robles, nació en Pativilca, y su madre, de apellido Guibovich, siendo chimbotana fue hija de un salaverrino (Trujillo), descendiente de un croata (una parte de la ex – Yugoeslavia); es una historia que nos confirma que Chimbote es producto de todas las sangres, debiendo desterrarse por completo, a estas alturas, el retintín de chimbotanos netos y foráneos.Los mismos huanchaqueros vinieron de Huanchaco (Trujillo). Si bien es cierto que el lugar, el territorio que abarca hoy Chimbote y Santa, permanece como un escenario de culturas antiguas nativas (esto se lo he escuchado al Dr. Lorenzo Samaniego, destacado arqueólogo que ha aportado mucho en el conocimiento de nuestro pasado); la constitución de su población contemporánea, que viene del siglo XVIII al siglo XXI, es variopinta. Corre por nuestras venas sangre europea, andina, asiática y negra; como dice el dicho “Quien no tiene de inga tiene de mandinga”.Es un mérito del libro “El Chimbote que se fue” destacar el aporte de los extranjeros, junto al de los chimbotanos presentes; sin embargo quiero mencionar que Percy Robles comete una omisión muy seria porque no valora el aporte de “los serranos”, quienes, independientemente de su rol, han pasado a ocupar puestos de importancia en nuestra sociedad, caso de los empresarios pesqueros Guzmán Aguirre y Eudocio Martínez y de otros líderes destacados; además de los descendientes de los serranos nacidos aquí, que casi somos todos.Todas las sangres han contribuido al poblamiento de Chimbote, unos más otros menos; y entre los que más han contribuido habría que destacar a los poligámicos, o sea, a los residentes de Chimbote que han tenido varias mujeres, caso del abuelo de Percy, don Julio Guibovich Ramirez (capítulo “Mi abuelo Julio”, pags. 97-100), donde se relata que tenía seis mujeres oficiales (Sara Amésquita, Petronila Chang Córdova, Mercedes Mendoza, Susana Chávez Carbajal, Cristina Cabrera y Elcira Castro), con todas ellas tuvo hijos reconocidos, pero, dice el autor “hubo otros casos en los que no los reconoció porque las señoras tenían marido y ellos cargaban con el hijo; pero Chimbote era tan chico que mis tías y mi mamá decían ese o esa también es mi hermano o hermana”.Chimbote de los años 40 era, pues, un pueblo chico, pero también “un infierno grande”.
posted by ASOCIACION CULTURAL DEL SANTA at
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